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Homenaje a Don Pedro Figari


Tras una muy buena carrera como abogado defensor en lo civil, diputado por los departamentos de Rocha y Minas, impulsor de un proyecto de creación de la escuela de Bellas Artes, director provisional de la Escuela de Artes y Oficios, además es sin duda una de las figuras relevantes dentro del campo artístico Uruguayo.
Alrededor de los 60 años de edad, deja todas sus actividades para radicarse en Buenos Aires, y es desde aquí, en su taller de la calle Charcas, donde comienza a crear, y exponer sus trabajos ligados estrechamente con su Uruguay natal, sus gauchos y negros recuperan la memoria a punto de perderse.
Después de su estada en Buenos Aires, viaja a París, donde reside ocho años, obtiene el Gran Premio de Pintura en el Salón del Centenario (Montevideo) y una medalla de Oro en la Exposición Iberoamericana de Sevilla.
Regresa al Uruguay realizando allí algunas de sus últimas exposiciones, (1861-1938)



"En pleno Barrio Latino, junto al Panteón y cerca de las nubes, vibra un poco el alma de nuestra mejor América...Tras de altos ventanales, en un estudio luminoso como el cielo mismo, hay un hombre de barba blanca y rostro agudo, que ha logrado conservar, traspuesto medio siglo de vida, una sorprendente lozanía espiritual.
Expresión risueña de viejo duende, inquietud de neófito, matutina fe de adolescente: añadid una jícara de mate y el cócktail se llamará Pedro Figari".
De esta manera Alejo Carpentier presentaba, en noviembre de 1928, al artista Uruguayo.
Pedro Figari se había establecido con sorprendente éxito pictórico en París. El escritor cubano, recién exiliado en Francia, agregó: "En América tenemos el raro privilegio, actualmente, de ser contemporáneos de nuestros clásicos".
texto tomado del catálogo MNBA/CLARÍN, 17/03/2011
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